martes, 7 de agosto de 2012

Lobos carceleros

Una nueva amenaza persigue a los trabajadores de centros penitenciarios

Las estrecheces económicas llevan a una penitenciaría de Louisiana a sustituir guardas por canes para vigilar a los reclusos
La llaman la 'Alcatraz del Sur' porque los más viejos del lugar no recuerdan ningún intento de fuga que prosperara en esta prisión de Louisiana cercada por las aguas del poderoso Misisipi. El último que probó suerte, un negro de 29 años llamado Tyrone Brown, mordió el polvo por los disparos de un guarda en  1993. Desde entonces y tras una profunda remodelación, la cárcel de Angola se encaramó al puesto número uno en el ranking de las prisiones de alta seguridad del país mientras su alcaide, un tal Burl Cain, no ha  dejado de hacer experimentos para que nada empañe el dudoso prestigio de ser considerada también una  de las más duras.
Espoleado por los recortes de presupuestos que afectan al sistema penitenciario de EEUU, Caín hizo cuentas y se dedicó a criar y entrenar sucesivas camadas de perros lobo que ahora mismo cumplen las funciones de vigilancia de más de 100 carceleros despedidos. Aunque 35 de las 45 torres desde donde los guardas supervisaban el movimiento de los presos han quedado vacías, nadie se ha atrevido desafiar el instinto de los caninos. Lou Cruz, condenado a cadena perpetua por asesinato, dice que allí todos son  conscientes de que no vale la pena jugársela. «Uno puede intentar correr, pero ellos te van a coger.  Seguro». En menos de un año, Caín y su equipo se las han apañado para crear una legión de poderosos  animales por cuyas venas corre sangre de lobo mexicano, pastor alemán y pastor de Alaska. Cada uno de ellos se ocupa de una franja de unos 300 metros de largo entre las cercas. Allí viven día y noche sin rechistar, con su caseta, y sus suministros diarios de agua y comida. La eficacia de su trabajo es intachable, de ahí que el responsable de la prisión les haya asignado labores de vigilancia en tres de los siete  campamentos que integran el complejo. Tan satisfecho está que hasta se atreve a echar mano de la  imperecedera Caperucita para soltar una broma de mal gusto. «El lobo se comió a la abuelita, ¿recuerdan? », comentó hace poco a un periodista de 'The Wall Street Iournal',
Desde luego, el hombre está más que acostumbrado a prescindir de consideraciones éticas. Ni el  hacinamiento ni las lamentables condiciones en las que sobreviven los 5.300 internos parecen ser su  problema. En su lugar, tira de calculadora para presumir que la penitenciaría funciona a pleno rendimiento pese al recorte de más de 20 millones de dólares en el presupuesto.
El sueldo anual promedio de un agente, razona, sobre 34.000 dólares, mientras los 8 perros vigilantes le cuestan al Estado apenas 60.000, incluida la alimentación, cuidados veterinarios y otros gastos de  mantenimiento.
Un chollo que ya ha despertado el interés de otros centros penitenciarios asfixiados por los recortes Con crisis o sin ella, los presos de Angola no van a tener más remedio que hacerse amigos de los canes. Los que  no arrastran cadena perpetua o se hallan en el corredor de la muerte tienen condenas promedio que alcanzan  la friolera de 93 años.