lunes, 18 de julio de 2011

La elasticidad del mercado

No podemos dejar de conducir

A principios de 1998, Luis Téllez, ministro de energía de México, mantuvo una reunión secreta con su homólogo de Arabia Saudí. Téllez era quien decidía cuántos barriles de petróleo debería producir y vender  México a otros países. ¿Cuál era el objetivo de esta reunión? Incrementar sus ganancias, o ingresos, de la venta de petróleo a través de un incremento en el precio mundial del petróleo, el cual había caído en un 50% durante los últimos dos años. Este precio tan bajo estaba creando serios problemas para ambos gobiernos,  que dependían de las ventas de petróleo. Pero un plan para incrementar los precios del crudo no tendría éxito a menos que los demás países exportado res de petróleo se comprometieran a reducir también su producción.
¿Por qué era necesario reducir la producción? ¿Por qué no sólo incrementar los precios? Porque por la ley de la demanda, un aumento en el precio lleva a una caída en la cantidad demandada. De modo que, si la producción no cayera también, pronto habría un exceso de oferta de crudo en el mercado que presionaría el precio a la baja. Para que el plan funcionara, Téllez tenía que convencer a sus socios de producir menos.  Pero, ¿cuánto menos? Si los consumidores respondían al aumento de precio consumiendo mucho menos  petróleo, la producción de crudo podía caer bastante. Y si la producción caía mucho en respuesta al  incremento de precio, los ingresos podían disminuir en lugar de aumentar. El problema crucial para Téllez era, entonces, saber cómo responde la cantidad de petróleo demandada o cómo es de sensible la cantidad demandada ante cambios en el precio del crudo. Pero, ¿cómo podemos definir la sensibilidad de la cantidad demandada? La respuesta, y lo que Téllez necesitaba saber sobre este asunto, es un número particular: la elasticidad precio de la demanda.

Mentes inquietas
Donde se han ido todos los granjeros
¿Qué porcentaje de estadounidenses vive en granjas? Tristemente, el gobierno de los Estados Unidos ya no publica ese número. En 1991 el porcentaje oficial era de 1,9, pero en ese año el gobierno decidió que ya no era un indicador relevante del tamaño del sector agrícola porque una gran proporción de aquellos que viven en granjas no sólo viven de la explotación agricola sino que, además, se dedican a otras cosas. Pero en los días de Los Grandes Fundadores de los Estados Unidos, la gran mayoría vivía en granjas. En una fecha relativamente reciente, la década de los cuarenta, uno de cada seis estadounidenses (aproximadamente el 17%) aún vivia en granjas.
¿Por qué hay tan poca gente que viva y trabaje en granjas en los Estados Unidos? Existen fundamentalmente dos razones, ambas relacionadas con el concepto de elasticidades.
La primera es que la elasticidad renta de la demanda de comida es mucho menor que 1: es inelástica respecto de la renta. Cuando los consumidores se hicieron más ricos, permaneciendo todo lo demás constante, el gasto en comida aumentó menos que la renta. Como resultado, mientras la economía de Estados Unidos crecía, el porcentaje de gasto en comida sobre la renta disminuía; y, por tanto, también caía el porcentaje sobre la renta total ganada por los granjeros.
La segunda es que la agricultura ha sido un sector que en Estados Unidos progresó mucho tecnológicamente durante 150 años aproximadamente, con un incremento sostenido a lo largo del tiempo. Se podría pensar  que el progreso tecnológico debería ser bueno para los granjeros. Pero la competencia entre granjeros significa que el progreso tecnológico conduce a precios más bajos de los bienes agrícolas.
Además, La demanda de comida es inelástica respecto del precio, así que si los precios de los bienes agrícolas caían, y todo Lo demás era constante, los ingresos totales de los granjeros se reducían. En  definitiva: el progreso en las granjas es bueno para los consumidores pero malo para los granjeros.
La combinación de estos efectos explica la decadencia progresiva en las explotaciones agrícolas. Incluso si estas explotaciones no hubieran tenido ese desarrollo tecnológico, la baja elasticidad renta de la demanda de bienes aseguraría un crecimiento más Lento de la renta de los granjeros respecto de la renta total nacional. La combinación del rápido progreso tecnológico en las granjas y la demanda inelástica respecto del precio para los productos agrícolas refuerza este efecto, reduciendo aún más la renta de las granjas. En resumen, el sector
agrícoLa de Estados Unidos ha sido víctima del éxito: el éxito de la economía de los Estados Unidos como un todo (que disminuye la importancia del gasto en comida) y su propio éxito al incrementar los rendimientos.
(Fuente: Micromania de Paul Krugman y Robin Wells)

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