sábado, 27 de junio de 2009

parasitos de la red

Vivimos tiempos de parásitos. No, no se trata de una epidemia de piojos, como en tiempos de la posguerra, sino de algo peor: parasitismo económico. Una legión de aprovechados que deciden interpretar al revés el sabio refranero: cuando ven sus barbas pelar, deciden poner las del vecino a remojar. Sectores económicos que, aprovechando su cercanía al poder, deciden utilizar a éste para mantener artificialmente a flote su actividad, que lógicamente debe ser preservada y protegida porque es la más importante del mundo... para ellos mismos.

Es el paraíso de la ineficiencia económica: si tu actividad va mal, la subvencionamos con otra que vaya bien. Definición de parásito: que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él. Así, si el mercado te dice que tu negocio ya no aporta valor en ningún eslabón de la cadena, lo que automáticamente intentas hacer es parasitar el valor que otros negocios sí son capaces de generar, aunque no tengan relación alguna con el tuyo. El caso emblemático de tales excesos son las empresas discográficas: de manera simplificada, su cadena de valor se compone de una etapa de selección de talento, seguida de producción, distribución y marketing.
La irrupción de la red convierte de manera automática esta cadena de valor en algo obsoleto: para seleccionar el talento, en lugar de recurrir a esas listas de éxitos burdamente compradas (pero pretendidamente basadas en las ventas, a modo de torpe mecanismo autorreferente), preferimos usar las recomendaciones de nuestros amigos en redes sociales y la multitud de información estadística que la red nos ofrece. La producción se abarata tanto, que casi cualquiera puede producir en su casa: ¿existe un diferencial de calidad ligado a los costosos estudios de las discográficas? Seguramente, pero el mercado no está dispuesto a pagar por ello.

La distribución desaparece al desaparecer la naturaleza física del producto, esa en cuya duplicación se basaba el negocio. Y el marketing se adapta, hasta el punto que las estrategias de comercialización usadas anteriormente por la industria nos parecen lo que son: métodos del siglo pasado. Y ante semejante "caída del imperio"... ¿cómo reacciona la industria? Muy fácil: que cada vez que alguien adquiera un CD, un DVD, una memoria USB o en tarjeta, un disco duro o cualquier otro bien, a cada cual menos relacionado con la industria de la música, tengan que pasar por caja y depositar el porcentaje correspondiente. ¿Correspondiente a qué? A nada. Es, simplemente, un pseudoimpuesto para la subvención parasitaria de industrias caducas e insostenibles.

El ejemplo, como no podía ser de otra manera, ha cundido. Ahora, es la televisión quien pretende ordeñar la vaca de la red: ávida de envidia al ver que muchos usuarios pagan treinta, cuarenta o más euros al mes por mantenerse conectados a la red, pretende que estos usuarios dediquen parte de lo que pagan a mantener la televisión. Una televisión que además, por norma general, no ven. ¿Existe alguna base lógica para que sean las empresas de telecomunicaciones quienes mantengan un canal de televisión? Ninguna. Se trata, simplemente, de un fenómeno de parasitismo, de arbitrariedad política en la que se enredan, como en la trama de una novela policíaca barata, elementos de amiguismo, de influencia y de distorsión del mercado. El poder político se siente mucho más cómodo con una televisión unidireccional que pueden controlar, que con una red bidireccional fuera de todo control, así que pretende privilegiar a la primera frente a la segunda. La televisión puede ser manipulada, la red no. Para ellos, la televisión es buena, pero la red está llena de piratería, pederastia y fraude. En realidad, es al revés: la televisión es, cada día más, una basura, mientras que la red es el mejor vehículo de comunicación y difusión cultural jamás inventado por el hombre. Tendría mucha más lógica subvencionar la segunda para convertirla en un servicio universal, que la primera para que nos martirice con contenidos idiotizantes. Pero da igual.

En Colombia se acaba de aprobar que las aerolíneas cobren un extra por los billetes vendidos a través de Internet, para financiar así a las obsoletas agencias de viaje. ¿Absurdo? De todo punto. Puro parasitismo. Lo viejo, parasitando a lo nuevo. Así vamos mal.

Extraido de Expansion

Estoy de acuerdo con todo lo que aqui se expone, los nuevos tiempos suponen nuevos modos de vida y si algunos canales deben desaparecer porque no tienen audiencia, asi debe ser y que se impulse lo que tiene futuro y no lo que está anclado en el pasado.

No hay comentarios: